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UNA REFLEXIÓN A PROPÓSITO DE LA Maricarmen Bracamontes o.s.bI. Contexto Hace tiempo que se habla de que vivimos en un cambio de época y no sólo en un momento de numerosas transformaciones. Ha sido común afirmar que atravesamos por cambios de paradigma que cuestionan de raíz los supuestos grandes logros de la modernidad. Ha sido puesto en evidencia, particularmente, el ambiguo papel que ha jugado a lo largo de los últimos cuatro siglos la razón humana que apoya sus discursos en conceptos que obedecen a una lógica que considera la realidad básicamente en términos dualistas, que se oponen, se excluyen y se jerarquizan. Llevado a la práctica esto ha producido crecientes injusticias e inequidades que han herido profundamente a la humanidad. Generar y mantener esta lógica ha requerido, de alguna manera, del sometimiento de la libertad, creatividad e imaginación de grandes sectores de la población. Esto ha afectado a las personas en su identidad y les ha hecho presas fáciles de la oferta de ‘sueños’ alternativos que ‘endiosan’ al ser individual mientras lo separan de las y los otros y lo centran en una búsqueda obsesiva de logros egoístas y miopes. Este contexto cuestiona de raíz a la Tradición Cristiana y a las comunidades que la profesan. El Cristianismo asegura que la historia ha sido preñada con el sueño de Dios para la humanidad. Afirma que la misma Divinidad se ha hecho historia, encarnándose, para que mujeres y hombres vivan y vivan en abundancia (Jn 10,10b) Sin embargo, ese sueño de Dios parece haberse diluido y haber sido traicionado y las esperanzas de una transformación justa y equitativa para las inmensas mayorías se perciben cada vez mas distantes, o simplemente como la oferta de una ideología más. Así, esa lógica excluyente del pensamiento moderno ha fragmentado también al ser cristiano, le ha separado, alienado de alguna manera de la concreción del proyecto divino, haciéndole, de igual forma, distante, extraño y ajeno a sí mismo y a los demás. Un ejemplo de esto se percibe en la distancia entre lo místico y lo profético, o sea en esa oposición que pareciera existir entre la dimensión de la fe que se refiere al conocimiento íntimo de Dios (experiencia) y aquella que impulsa a anunciar su palabra y trabajar por ir haciendo posible la justicia y la paz en la historia. De esta manera, las personas cristianas dejan de identificarse cada vez más con la pasión de una Divinidad que les ha creado para la vida concretizada en formas de convivencia alternativas que expresan el reconocimiento y respeto mutuos y en la búsqueda del bien común que afirma la igual dignidad humana.
II. La Identidad de la Vida Religiosa (VR) En este contexto de cambio de época, de nuevos paradigmas, no se puede hablar más de “la” Vida Religiosa, a manera de los meta relatos que determinan la realidad y la conciben estática, inmutable. Al meta relato lo deslegitima la dinamicidad de la pluralidad y la diversidad de formas de posicionarse en la realidad a través de la historia. La VR es plural y diversa. Al renunciar a algunas formas de definir la VR que la consideran como un “algo” uniforme y estático, nos adentramos en un dinamismo que lleva a buscar expresar quién se es en estos nuevos tiempos que corren. Desde ahí se percibe una realidad diversificada, rica, compleja. Nuestros ojos se vuelven capaces de percibir la multiplicidad de formas de VR y ya no sólo la tradicional distinción entre la de clausura y la de la vida activa, o monástica y apostólica. Hay congregaciones, institutos y órdenes, que lo que más les caracteriza es la búsqueda con la mirada puesta en el futuro y las hay que lo que más les define es la reapropiación de lo mejor de su pasado. En el espacio que media entre estas dos tendencias hay una inmensa variedad de matices. Las hay que están tratando de vivir sus votos como una denuncia profética frente a las perversiones humanas; y las hay que quieren expresar mediante los mismos la plenitud de las energías humanas. Y, de la misma manera, entre estas dos visiones del mundo y del ser humano, que son diversas, hay muchos matices. Estos dinamismos de búsquedas y reapropiaciones las hace posible la así llamada post-modernidad que invita a ver y a comprender de otra manera la realidad. Ya se superó el idealismo que consideró que el conocimiento era una creación puramente humana. Superamos, así mismo el realismo burdo, que dijo que la realidad se imponía como el sello en la cera. Nos damos cuenta de que en el conocer están presentes los dos elementos. Hay una realidad fuera de mí, externa a mí, pero al conocer esa realidad, participo en la creación del conocimiento. A la VR, como hemos afirmado, se le había concebido desde la imposición de una definición ‘objetiva’, uniformadora, estática, que funcionó en el pasado, pero que ya no responde a la realidad. Una teoría del conocimiento que toma en cuenta al sujeto y a la realidad objetiva adquiere mayor relieve en el mundo post-moderno y nos ayuda a comprender la gran riqueza de la pluralidad. Desde ahí emergen algunos desafíos como el de promover una espiritualidad de la resistencia frente a: Ø Una alarmante y creciente fuente de estímulos que nos obligan a enfocarnos en lo exterior. Y no es que hayamos perdido la capacidad de interiorización, pero día con día somos invadid@s por medios electrónicos que nos impulsan hacia fuera, hacia la búsqueda de satisfacciones sensoriales de una intensidad creciente y adictiva; Ø La inserción en el cyberespacio está disminuyendo la capacidad de atención en un sólo objetivo. La capacidad máxima de concentración de los cybernautas es de once minutos y están desarrollando una atención fugaz, múltiple y simultánea; Ø El pensamiento reflexivo es considerado adecuado para filósofos y gente religiosa, pero para la generalidad resulta irrelevante; Ø Se promueve una conciencia instintiva, fuertemente seducida e indoctrinada por la cultura consumista; Ø El pragmatismo en relación con los valores capitalistas va en aumento, especialmente en la esfera de los datos macroeconómicos. Esto ha generado una nueva ola de colonialismo global al que llamamos globalización económica. Por ello toda resistencia y denuncia pública gesta tanta reacción y temor: atenta contra el dios-ídolo impuesto; Ø El consumismo y el hedonismo afectan nuestra capacidad de hacer opciones discriminadas y de pensar en términos de beneficios a largo plazo. Ir de compras se ha convertido en la religión postmoderna por excelencia. Tener más, consumir más y divertirse lo más posible es la meta máxima a alcanzar. Ø Una miopía cultural ha atrapado a las personas ya que quienes cuestionan la hegemonía de los “valores” y tendencias de la globalización, son considerados inmaduros, sin visión, o simplemente fuera de contacto con la realidad. De ahí que exista tan poca, por no decir nula, creatividad para proponer transformaciones reales. Estas resistencias dinamizan la expresión de alternativas: Ø Este tipo de conciencia cultural emergente produce una esclavitud de la mente y el espíritu, y entonces, se reacciona optando por pensar críticamente y se cuestionan las normas que ya no son creíbles, por su incoherencia. Ø Algunos sectores de la población mundial están pensando más por sí mismos, y sacudiéndose las culpas que les mantenían co-dependientes de los viejos paradigmas. Se vuelven más pro-activos para rediseñar sus realidades personales y sociales. Cada vez más gente deja de mirar hacia las altas esferas en busca de sabiduría y dirección, ya que por sí mism@s y en redes informales imaginan y actualizan creativamente un mejor futuro. Ø La conciencia de nuestra fragilidad y vulnerabilidad, igual a la de cualquier otro ser humano, así como la constatación de que no tenemos todas las respuestas, nos lleva a situarnos diferentemente al pasado y nos lleva a reformular nuestra responsabilidad moral. El hecho de que continuamente nos veamos frente a opciones alternativas mezcla de bien o mal, hace indispensable la madurez ética. Hay un imperativo impostergable que es el llamado a rendir cuentas sobre las conductas que afectan la integridad de terceras personas. Ø La inculturación hoy, dentro de la complejidad postmoderna, sigue representando un reto para la VR. La cultura emergente tiende a generar confusión e incomodidad que se expresa no sólo en la juventud desencantada o en los y las revolucionarias desilusionadas. Hay también un dolor que produce el desenraizamiento, la sensación de no pertenencia. Hay una progresiva desidentificación social. Hay gente que no se identifica con las políticas gubernamentales insensibles al bien común porque se resisten a caer en las dinámicas del individualismo sin remedio. No se identifican con un orden económico sin referentes éticos obsesionado con la producción y el consumo ilimitados que pretende configurarles como seres insaciables. No albergan un sentido de pertenencia a una sociedad que pareciera condenada a relaciones violentas, disfuncionales. Hay algo que les hace dar cuenta de que su vida no alcanza su sentido profundo por estos senderos que les son impuestos. Estas personas saben que hay algo más que hace posible seguir empeñad@s en buscar con creatividad el Reino. El sentido de pertenencia es relacional y comunitario. Las personas son parte de todo lo que existe y sienten que la creación toda les reclama como parte de ella. Su pertenencia es a un cuerpo plural y diverso que respetando y reconociendo los dones particulares y su forma de expresarlos, les hace Uno en nuevas formas de convivencia. Una nueva espiritualidad de la resistencia, la creatividad y la adultez está surgiendo. Emergentes reflexiones humano-científicas nos invitan a ver la realidad en formas más holísticas y a tratar de descubrir su profundo sentido. La conciencia humana se descubre esencialmente con cualidades relacionales que buscan preñar conexiones creativas entre todos los seres humanos y con el cosmos en su totalidad. III. Los balbuceos Este conjunto de aconteceres parece invitarnos a recuperar y promover una reflexión madura con capacidad de interiorización; una vida de oración significativa; y un discernimiento contemplativo que nos permita reconocer la tendencia generalizada a la exclusión de lo que consideramos diferente y a la insensibilidad frente a las necesidades de otr@s. Una reflexión así podría dinamizar algunas respuestas creativas y concretas; afectivas y efectivas. Me parece, por tanto, que es posible afirmar, frente a los paradigmas emergentes, que la mayoría de las expresiones de la VR quieren dejar atrás la comprensión de su identidad por contraste generada por el sistema de pureza/impureza; superioridad/inferioridad; perfección/imperfección. De esta manera, en algunos grupos se están generando caminos hacia la humanización de las identidades. Al reflexionar sobre la identidad humana, cristiana y en la VR, se cuestionan de raíz las discriminaciones por raza, por clase, por género, etc. (Gál 3, 26-28). La post-modernidad ensancha la conciencia al reivindicar las diversidades realmente existentes desde siempre, pero negadas o utilizadas para discriminar. Se hace evidente lo que siempre ha existido: la pluralidad y la diversidad en su interdependencia. Al hablar de identidades, pues, frente al debilitamiento de la hegemonía de la mentalidad cartesiana, habría que buscar nuevas descripciones que consideren los distintos aspectos que convergen en las mismas. IV. La identidad y sus múltiples dimensiones Ayuda tener en cuenta lo que Diego Irarrazaval [1] nos presenta en relación con los diversos aspectos que habría que atender al considerar la identidad. Hay una identidad biológica que cuestiona la falsa superioridad humana sobre todo lo otro creado. Somos seres vivientes minúsculos, no dueños del universo, interdependientes con todo lo que existe en la madre tierra y el fascinante cosmos. El antropocentrismo está siendo dejado atrás progresivamente. Hay una identidad genérica que cuestiona el androcentrismo institucionalizado en el patriarcado. El siglo XX representó un avance muy significativo en la comprensión de las causas y efectos de esta injusticia ancestral. No podemos volver a atrás por temor a que se afecten privilegios injustos. La identidad social nos coloca frente a nuestras tendencias a excluir o subordinar por cuestiones de raza, etnia, espacio rural o urbano. La identidad económica desenmascara la absolutización del acumular, del despojo arbitrario, de la competencia desleal y el consumismo, y deja en claro que la divinización de las políticas neoliberales y el mercado mundial, genera identidades idolátricas. Cuando menos estos aspectos de la identidad habrían de ser considerados y no sólo la dimensión ontológica. V. Búsqueda Conscientes de este contexto en el cual vivimos, el equipo de reflexión teológica (ERT), de la CIRM (Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México), convocamos a investigadores de las ciencias sociales para que nos ayudaran a tener un acercamiento a la realidad de la Vida Religiosa (VR) en México de una manera más objetiva, profesional y confiable. Parafraseando a los Sinópticos y particularmente al Ev de Lucas (9,18-21) podría decir que nos hicimos la pregunta, ¿Quién dice la gente que somos las y los religiosos en México hoy? y se buscó específicamente si habían habido transformaciones y de qué manera, en la identidad de las/los religiosos en México en los últimos treinta años. Sin embargo, el trabajo realizado[2] aparece con ciertas reducciones en las descripciones de las identidades de la VR. Tales reducciones se vuelven desafíos al encontrarnos atravesando tiempos de cambio de época que cuestiona referentes constituidos en el pasado. En un mundo en proceso de secularización, la VR vive transformaciones que ponen en evidencia el ocaso de un dinamismo que testimonió en sus orígenes un ‘estar en el mundo sin ser del mundo’ como fuerza alternativa. Tal impulso carismático progresivamente degeneró hacia situaciones de privilegio que se fueron consolidando sobre los cimientos de una cuestionada identidad que pretendió definirles como una ‘especie superior’, ‘pura’, ‘santa’, que se apartaba conscientemente de las formas ‘mundanas’ ó ‘laicales’, a las que consideraba como ‘inferiores’ y condenadas a sus ‘pasiones’. El resultado de la investigación sugiere, me parece, diversas reflexiones. 1. El estudio, posiblemente, nos remita a cómo un sector de la sociedad mexicana percibe a la VR, es decir, a lo que probablemente algunos investigadores de las ciencias sociales dicen acerca de quiénes somos las y los religiosos. Esto, creo, podría resumirlo en dos afirmaciones: Ø Dicen, en general, que somos un grupo de personas que pretendemos definirnos, como recién se mencionó, desde una superioridad ficticia y desde una pureza cuestionable, y que, de alguna manera, discriminamos al laicado considerándole impuro, inferior e infantil. Ø Y nos delatan como un sector que opta preferencialmente por el silencio, la hipocresía y la complicidad con la injusticia. 2. El investigador centra su trabajo en la descripción del ministro ordenado y al hacer girar sus observaciones alrededor de esa figura, la VR se ve reducida a las funciones del presbítero y, como consecuencia inevitable, las mujeres que en la VR representan una proporción de cuatro a uno en relación con los varones, son consideradas sólo marginalmente y de manera subordinada. (cfr. por ejemplo, al referirse al tema de la Pobreza, p. 33; y la Afectividad p.53) 3. Por otra parte, su descripción y conclusiones con respecto a las instituciones, si bien giran alrededor de algunas expresiones realmente existentes en la VR hoy, descuidan la gran diversidad y pluralidad presente en la VR en su conjunto. 4. Además de que el investigador privilegia la figura del ministro ordenado y una forma institucional pre-vaticana, destaca muy cuestionadas conductas que se viven en dichas instituciones. Un tema candente en que enmarca sus reflexiones es la sexualidad y sus expresiones. 5. El contexto que da tono a sus aportaciones con respecto a las transformaciones acontecidas en la VR en México, se dan en el marco de algunas experiencias post-conciliares de inserción en los medios populares. La comprensión de la VR como algo superior, mejor, distinto, distante, etc sigue siendo actual en algunos sectores de la población nacional en quienes se continúa reforzando esa idea. Con todo, ese imaginario desde el que consideran que ‘ellas y ellos están más cerca de Dios’, son ‘más dignas’, ‘más puros”, personas que merecen un trato privilegiado y que son incapaces de cometer injusticia alguna, está siendo cada vez mas seriamente cuestionado. Estas concepciones traicionan de raíz la noción evangélica de la VR y deforman su identidad. Creemos, así mismo, que el autor de la investigación sostiene sus aportes en conocimientos más elaborados que ha llevado a cabo, en otros momentos, relacionados con algunos institutos religiosos masculinos. En el marco de dichos conocimientos y en un contexto histórico muy particular, generaliza ciertas afirmaciones en relación con la VR en su conjunto. Por otra parte, como anotábamos anteriormente presenta algunas experiencias post-conciliares en su dinamismo hacia la inserción en medios populares y, desde ellas, trata de fundamentar las actuales transformaciones en las identidades. Las experiencias de inserción no agotan los esfuerzos de renovación de la VR post-conciliar. VI. Horizontes Al leer los resultados de la investigación, el ERT inició una reflexión que intenta, entre otras cosas, dar razón de lo que entendemos y vivimos en relación con los múltiples esfuerzos de renovación de la VR. Así pues, tratando de abrazar los paradigmas emergentes y con la claridad de conciencia de que vivimos en tiempos de transición, consideramos, Ø La comprensión de la pobreza ya no sólo como un algo personal o el dejarlo todo o desde una experiencia de inserción, que son expresiones válidas y necesarias, sino también en relación con el bien común y en la disponibilidad práctica de compartir algo de la inseguridad de quienes viven el empobrecimiento y despojo reales en el mundo. Estar con, ser con quienes viven al margen de los derechos básicos materiales y, a la vez, participar, con ellas y ellos, en la búsqueda de la reordenación de una economía globalizada, sin rostro humano, de producción ilimitada que afecta al cosmos todo. Ø La necesidad de continuar la reflexión sobre la autoridad/obediencia fundamentalmente como acompañamiento mutuo y discernimiento conjunto cotidiano en la búsqueda de los caminos de Dios; desde la experiencia de la libertad que nos dispone para el Reino, en un compromiso responsable y de fidelidad holística. La autoridad/obediencia privilegian la dignificación de cada persona en el contexto del bien común de un grupo que escoge libremente, desde la respuesta a un llamado en la fe, vivir y organizarse en comunidad. Parafraseando a Timothy Radclife, o.p. la obediencia es un auténtico canto de vida y libertad en una cultura de muerte y de opresión. Autoridad y obediencia, afirma, por su parte, Severino Ma. Alonso, c.m.f. son una sola realidad con dos vertientes constitutivas; son dos formas de obediencia; son dos maneras de participar en el misterio de Cristo; más aún, la autoridad cristiana es la obediencia más radical que existe; nunca se obedece tanto como cuando se está en servicio del liderazgo. Sólo desde la obediencia se puede llegar a la autoridad. Jesús llega al ejercicio máximo de la autoridad en el ejercicio extremo de la obediencia. Esto nos hace evocar aquella dimensión asombrosa de la revelación “Ya no les llamo sierv@s... les digo amig@s” (cfr. Jn 15,15)... la sorprendente concreción de un amor que nos iguala en Cristo. Ø Consideramos, también, la importancia de profundizar en el gran reto que significan los nuevos acercamientos al celibato y la castidad, así como la importancia de la madurez en la sexualidad y afectividad humanas. En esto se ha trabajado mucho. o Pensemos en la reflexión que relaciona espiritualidad y sexualidad. La sexualidad es comprendida en su realidad global y no reducida a la genitalidad. Es considerada como un principio de vida que nos conduce a la comunión por el amor. Como una energía en nuestro interior que trabaja incesantemente en contra de la sensación de aislamiento y, por ende, en pro del anhelo divino de “que tod@s sean Un@” (cfr. Jn 17,21). o Tomemos en cuenta, así mismo, los estudios que definen la castidad como relacionalidad en el amor que implica un gran respeto a los límites no sólo físico-genitales de las otras personas, sino también a sus límites morales, psicológicos, emocionales, estéticos, etc. o Consideremos las respuestas que han ido surgiendo en torno a la necesidad humana básica de desarrollar habilidades de comunicación interpersonal, intragrupal e intergrupal que preñan comunidades de reconocimiento y aceptación, capaces de expresar cálida y apropiadamente el afecto mutuo, de confrontar asertivamente los conflictos cotidianos, y de dinamizar la creatividad ministerial. o Démonos cuenta, también, de cómo hemos crecido en la comprensión del celibato como un don y que, como tal, exige un discernimiento responsable. o Asumamos que el cuerpo y la sensorialidad, exigen nuestra atención. o En este apartado, no quiero dejar de mencionar la reciente encíclica “Dios es Amor” en la que se rescatan y contextualizan las dimensiones del eros y del agapé. De entre los múltiples y muy valiosos acercamientos que hace la encíclica a la realidad del amor, quisiera resaltar sólo uno: la reflexión que abre y cierra su primera parte y que gira alrededor de si el amor puede ser mandado. Dicha reflexión recorre un esplendoroso sendero: Dios es amor... y nos encontramos con ese amor en la persona de Jesucristo... de esa experiencia relacional nace el cristianismo. Ese amor de Dios lo recibimos como un don incondicional y, al aceptarlo, al experimentarlo, al vivirlo, lo conocemos y creemos en él. Cada persona es destinataria privilegiada de la Buena Nueva. El amor se hace, por tanto, mandamiento porque por su propia naturaleza ha de ser comunicado (No. 18). Es la respuesta a la gratuidad total del don que viene a nuestro encuentro (cfr. No. 1). Si tú te sabes amada, no puedes hacer otra cosa sino amar. El amor, al comunicarse, nos hace Un@. (cfr. No. 18) Ø Queda pendiente la tarea de reflexionar sobre las identidades genéricas y la especificidad de la Vida Religiosa femenina que se redescubre a sí misma desde las grandes transformaciones en la comprensión del género y desde una nueva manera de concebir el rol particular de la mujer en la sociedad, en la política, en el trabajo, en la familia, en la iglesia; en el contexto de un arduo trabajo de las mujeres para definirse a sí mismas; y constatando la diversidad que conforma a la VR femenina en el reconocimiento de su autonomía, madurez e igual dignidad. Ø Cuando discernimos sobre qué es eso nuevo que va naciendo en la VR hay una referencia necesaria a los carismas fundacionales. Nuestras fundadoras y fundadores nos entregaron un carisma que, frente a emergentes desafíos, requiere de relectura de la experiencia originaria. La dinamicidad del Espíritu expresa en cada momento la novedad de un don siempre actual que nos capacita para vivir ese otro capítulo de nuestra historia que entrega responsable y creativamente lo que le ha sido confiado. Las transformaciones en las identidades son reflejo de la conciencia de los cambios que la dinamicidad histórica va preñando. La pluralidad de las expresiones de VR nos habla de que el lenguaje de la diferencia es un lenguaje del Espíritu, fuente de relaciones e identidades fecundas. VII. Conclusión Atravesando tiempos de cambio de época que cuestiona los referentes constituidos en el pasado, es innegable que el estudio realizado sobre la transformación en las identidades de los/las religiosas mexicanas en los últimos treinta años, como hemos venido desarrollando, nos presenta enormes desafíos. Quizás el más significativo sea el que las mismas religiosas y religiosos reflexionemos sobre nuestra propia identidad: Y nosotr@s, ¿quiénes decimos que somos? Y en la respuesta habrían de considerarse los signos del Espíritu
que nos van haciendo reconocer esa identidad nuestra plural y diversa de
manera gozosa, armoniosa, audaz, comprometida, que da vida y que está en
relación con los retos o desafíos de la realidad actual que nos revelan las
emergentes identidades, que se preñan y se hacen historia.
En su caminar la VR en América Latina se sabe llamada a entretejer los hilos de su bordado místico-profético. Este tejido diseñará un rebozo de sabiduría que dará calidez a sus intentos. ¿Cuáles son los rasgos de ese rebozo místico-profético que abraza a las nuevas formas en que se va expresando nuestra Vida Consagrada? Dolores Aleixandre, dice que son § La experiencia de que algo que viene de fuera y que a la vez está ya en ti, te invade, se apodera de ti, irrumpe en tu existencia sin saber cómo (Isaías representa esta vivencia con la imagen del fuego) y eres conducid@ del no entender al consentimiento, a través de un proceso marcado por el temor y la duda/ el amor y la certeza; § El vivir en solidaridad con los sentimientos de Dios, de manera que lo que lastima a Dios, lastima al profeta, a la profetisa; § La capacidad para contemplar la realidad con otros ojos, con la mirada de Dios, sin separar la esperanza en su proyecto de la realidad que nos rodea (mística); § Ser portador@s de palabras dirigidas al corazón, que sacuden, que dan ánimo; § Ser personas con una enorme capacidad de resistencia y creatividad, aún contra toda esperanza. Estas actitudes místico-proféticas requieren una espiritualidad de la kénosis. La kénosis es la condición indispensable para la adultez, la resistencia y la creatividad; para la relación y el diálogo que se sostienen en el silencio y la escucha. No basta un cambio de lenguaje para abrazar el paradigma emergente, es necesario dar cuenta de que entre las creencias y las prácticas median las disposiciones interiores. Y queda la pregunta, Y nosotr@s, ¿quiénes decimos que somos?
Maricarmen Bracamontes Ayón, osb Torreón, Coahuila. Abril, 2006. [1] Diego Irarrazaval, Identidad Polisémica: unos interrogantes teológicos en www.franciscan.net. Accesado en Noviembre de 2005. [2] Fernando González, La vida consagrada y algunas de sus transformaciones en el México posterior al Concilio Vaticano II (CIRM, México) Julio, 2005. |
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